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Son muchas las cosas que había escuchado de la India durante este año. Gente hablando cosas negativas, gente hablando de experiencias nefastas; personas diciendo que les había cambiado la vida, personas a la visita les había sido casi indiferente; quién vuelve a visitarla y hasta lo que se quedan, quién no la volvería a pisar ni en sus peores sueños… Opiniones todas diversas, muy contrariadas, tanto que hacían crecer mi curiosidad sobre este país y, sobre todo, por saber qué pensaría yo después de visitarla. Sentía tantas ganas por saber que sensaciones me haría sentir este lugar, de qué lado yo estaría cuando tuviera la oportunidad de contar mi experiencia a los demás. Pero sabía que para tener una opinión bien fundada debía conocer el país y su gente, nada de escuchar a nadie con opiniones de este maravilloso país el cual acabo de conocer, al menos he superado todas dudas, que lo único que me falto fue comer en las calles y beber su agua potable de los grifos. La India en su amplia diversidad me hizo saber que yo no soy quien para juzgarla y debatirla con comentarios negativos, precisamente porque tiene una tradición que sobrepasa los cinco mil años.
Aterrizamos en New Delhi después de un largo viaje de 16 horas, saliendo de Nueva York que incluía Londres como ciudad de transito. La impresión recibida tras el cansancio del viaje se incrementó, cuando llegamos al aeropuerto, algunos fueron recibidos cordialmente y otros, entre ellos Julio, Regina y Miguelina, los cuales el oficial de migración que le tocó, les hizo pasar un mal rato. A nuestra salida fuimos recibidos por nuestro maravilloso guía Shakti, quien nos devolvió el semblante de alegría, por su forma tan humilde de ver las cosas. Con la llegada a nuestro primer hotel, tuvimos la impresión de que habíamos caído en uno de los barrios más paupérrimo de toda Delhi, la calle llena de basuras, gente durmiendo en las calles con los animales, el ruido inmenso, quizas tardo poco tiempo tiempo en digerir esto, que primero nos disgustó, luego nos sorprendió, y sólo algunos momentos después nos maravilló con sus comodas habitaciones.
Nunca más, ningún país, ningún viaje, ninguna experiencia, me conmovería tanto, como La India, ni Thailandia, ni Marrueco, ni Egipto, ni Sudamérica, ni por supuesto Europa. Nada, y eso que mi espíritu viajero me trae nostalgia, solo cuando visito mi Republica Domicana, pero nunca pensé que La India iba a dejar huellas tan profundas en mi.
Durante los 14 días en los que recorrimos Delhi, Jaipur, Ranthambore, Agra y su ciudad santa Varanasi tuve la oportunidad de conocer a un tremendo y maravilloso grupo de personas, a los cuales les agradezco de todo corazón haber sido participe de esta agradable experiencia, sus nombres serán recordados por mi siempre, ya que lo fui conociendo en el trayecto y me permitieron compartir sensaciones y experiencias inolvidables con ellos.
La India es un país repleto de lugares únicos y en el que se viven experiencias auténticas en casi cada momento. Sin embargo, no todos los que viajaron conmigo la disfrutaron del mismo modo, y es que la India es también uno de los países más duros por los que se puede viajar, lo cual puede llegar a empañar todo lo positivo que hay en ella. Y es que se hace muy duro disfrutarla cuando ves pobreza extrema y las desigualdades sociales a cada paso, cuando la basura y a veces algunos malos olores lo inundan todo a tu alrededor, cuando en un paseo solo puedes estar pendiente de no meter el pié en un hoyo o de no ser atropellado, cuando tienes que tener mil ojos por no pisar un animal o que no te arroye uno a ti, cuando la gente no para de intentar venderte cosas por la calle porque te ven como a un Dólar caminando o cuando a duras penas consigues respirar un poco de oxígeno del contaminadísimo aire de las ciudades.
Pero, como decía, la India también es un lugar diferente al resto del mundo. Un lugar donde la misma sobrepoblación, gran causante de todos sus problemas, saca la cara más humana y humilde de sus lugareños. Con una gastronomía vegetariana impresionante, para los que aman la comida picante y con los mejores tés que jamás haya probado, por no hablar de las impresionantes ciudades con sus grandes palacios en Delhi, Jaipur, Ranthambore, Agra y Varanasi, que fueron los lugares visitados por nosotros, todos ellos, de tal peso que me hicieron olvidar muchos países que con sus riquezas no han llegado tan hondo en mí, como lo hizo La India.
Todo ello complementado por Chakti un guía estupendo, cercano y distante al tiempo, amable, discreto, observador, que hacía sencillo lo complicado y fácil lo difícil. En definitiva un buen profesional. Creo que al final de las escasas dos semanas nos conocía mejor que nosotros mismos. ¡Me encanto! Espero que él guarde el mismo recuerdo y podamos volver a encontrarnos.
La vida no es como es, sino como uno la vive. Y realmente me apena saber certeramente que lo vivido es irrepetible, ¡que sólo se vive una vez! Porque si no, seguro, repetiría todo igual al menos una vez al año.
Pero de nada sirve lo que les pueda contar en este escrito sobre la India. Cada quién tendrá siempre una opinión y sensaciones distintas después de visitarla. ¡Les animo a que vayán alguna vez en la vida y descubrán cuál es su posición con respecto a este hermoso país lleno de tradiciones!
Gracias, Pedro Bisono, Julio Jimenez, Regina Jimenez, Clara Reyes, Belio Garcia, Ana Rita Mercedes, Carmen Arias, Carmen Rodriguez, Danerys Merejo, Fridania Sanchez Ordonez, Miguelina Cristian, Loore Peri y Julissa Castillo por haber hecho posible este viaje.
Bendiciones

Son muchas las cosas que había escuchado de la India durante este año. Gente hablando cosas negativas, gente hablando de experiencias ne...

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